Tierra hueca

LA TIERRA ES HUECA

LA TIERRA ES HUECA
(1)

Desde hace más de noventa años
-pero no más de eso-, se viene enseñando que la Tierra es una especie de bocha
maciza, con una sucesión de núcleos incandescentes compuesto de silicio y
hierro, otro de níquel y hierro, un manto o costra silícica, etc.. En general,
una misma teoría con algunos matices. Pero esa teoría expuesta desde 1907 en
cada manual escolar y en las documentales cinematográficas y televisivas, no es
otra cosa que una burda teoría. Y ésta afirmación no es una opinión personal,
sino que para enseñar algo como una verdad absoluta e indiscutible, es necesario
tener las pruebas suficientes, o por lo menos -para defender una tesis- ésta
debe ser razonable desde todos los puntos de vista posible. La teoría de la
tierra maciza es demostradamente imposible desde el punto de vista de la física
y de la astrofísica, pues tendría una masa tal que atraería a todos los planetas
del sistema, y posiblemente sería más pesada que el sol. Pero los astrofísicos
con más posibilidad de dar a conocer estas cosas al público, se hallan
comprometidos con los intereses que manejan económica y políticamente al mundo.
Esos intereses no desean que el hombre de esta civilización encuentre otras
alternativas de vida, otras formas políticas que no estén basadas en el dominio
de unos pocos, otras sociedades donde no exista el dinero como instrumento de
ese dominio, y menos aún desean que el hombre considere que existen otros
hombres -ya sean intra o extraterrestres- con los cuales convenga relacionarse,
dejando de obedecer a los gobernantes de pesos y políticos terrestres. Tampoco
la Tierra puede ser maciza desde el punto de vista más elemental de la física,
pues además de que la gravedad sería suficiente como para que fuésemos más
chatos que una mantaraya, el hecho de ser incandescente y maciza, habría causado
-millones de años atrás- que se partiera, convirtiéndose en un montón de
guijarros dispersos.
En Europa los mercaderes conocían América desde hace
muchos milenios, pero guardaban silencio para mantener el monopolio de maderas
como el palo Drassil o Urundaí (de allí proviene el nombre de Brasil), y que es
la madera más dura conocida. Se empleaba para hacer las vigas y mástiles más
resistentes, tanto en edificios como en barcos. Ya en 1583, el explorador
maderero Ignacio de La Cortada se quejaba en “Memoria de Andares” de que “los
indios lugareños o los bárbaros que vinieron antes, llevaronse toda la madera
buena de cerca de la orilla de la mar y fáciles estradas, entonces me gasto luna
y media para llegar hasta donde otros no hayan talado drasiles”. Cabe agregar
que los mapas adjuntos a estas crónicas abarcan casi toda la costa caribeña
desde Yucatán hasta la Guyana. Y cuando menciona a los bárbaros, no está
refiriéndose a ellos con un adjetivo, sino como sustantivo gentilicio. En
aquella época los bárbaros, vikingos, ostrogodos y galos, conocían América, pero
no lo ocultaban expresamente, sino que cualquiera que les atendiese o divulgase
sus narraciones sobre “Vinland” (territorio de Norteamérica donde ellos mismos
habían sembrado grandes extensiones con vides) era tratado como loco, delirante
y hasta blasfemo.
Los Templarios conocían América y ese era su Gran Secreto.
Crecían financieramente de un modo espectacular, porque compartían con algunos
otros “elegidos”, ese conocimiento y su contenido en metales, maderas y toda
clase de riquezas. Pero no crea el Lector que todo ésto está descolgado. Por el
contrario, pues se relaciona con nuestro tema de muchas maneras. Las grandes y
las pequeñas cosas se pueden establecer muchas veces mediante analogías, pero si
tales analogías son obligadas por una causa común, más claro es el panorama. La
cosa es que América existía y muchos la conocían, pero se ocultaba su existencia
a la masa europea por varios motivos relativos y un motivo absoluto. Veamos: Los
Templarios lo ocultaban porque era su secreta fuente de oro y plata, ya que a
los Inkga Virgötch (vikingos o Inkas) les cambiaban buenas espadas españolas por
esos metales, que en la economía imperial Inka -como en la de los Imperios
mesoamericanos, europeos y asiáticos antiguos- no tenían más valor que el de la
utilidad práctica. Pero más que ocultar la existencia de América como origen de
sus riquezas, lo que debían ocultarle a la Europa post-románica, era la realidad
de que otra gente vivía sin necesidad alguna de dinero, que era ya el
instrumento de poder, impuesto con siglos de sacrificios de los banqueros que
secretamente manejaban la política, la religión y propiciaban el oscurantismo
científico. La economía de los Imperios americanos estaba basada en la
producción y el tributo. Es decir que los pueblos aportaban para el Imperio todo
lo que producían, dejando para su consumo interno lo que les era menester. Pero
tal tributo era repartido entre los demás pueblos según las necesidades y
costumbres de consumo que hubieran. Así se aseguraba la abundancia de bienes.
Pero en Europa y Oriente Medio, ya existía la finanza, es decir la economía de
mercado manejada por pequeños grupos, de los cuales los Templarios eran el
instrumento político-militar. Algo así como los cascos azules pero con motivos
religiosos, políticos y económicos unificados visiblemente. Hoy los poderes
militares están diferenciados en apariencia, con pretextos humanísticos para sus
intervenciones.
En aquellos tiempos -hasta hace sólo cinco siglos- se
divulgaba una teoría “científicamente aceptada”, y algunas más que la
contradecían, a fin de quitar los ojos del asunto real. La teoría “oficial” era
que la Tierra era una especie de gran meseta cilíndrica que sobresalía del
Maremagnum Infinitum (un océano infinito habitado por monstruos gigantescos) de
cuyas propiedades y aguas se discutía profusamente. Por algún mescanismo
artesiano, el agua surgía del Mediterráneo y se volcaba en los océanos, y de
éstos, al maremagnum. Entonces, internarse en los océanos era acercarse al
abismo del que nadie regresaba. Esta idea machacada por siglos no surtió efecto
en algunas pocas personas que se aventuraron a comprobar si aquello era verdad.
Temerarios los hubo -hay y habrá- siempre, de modo que no bastaba con la idea
mentirosa inculcada, sino que había que excomulgar, asesinar o quemar por brujo
a quien hablara de estos asuntos. Si se dejaba hablar de la tierra esférica, los
marineros descubrirían muchas tierras y se acabaría el secreto y el monopolio.
Los frailes temían que se acabara la Iglesia, si se descubría que había
contribuido tan grandemente al engaño, condenando a los científicos que en nada
atentaban contra principios teológicos. Nada más -y nada menos- atentaban contra
los intereses mezquinos. Mientras tanto, la Tierra como una bandeja sostenida
por tres elefantes -o por cuatro-, o la Tierra con forma de disco en medio del
Universo, con el Infierno en la otra cara (cosa que nadie se anime a acercarse a
las orillas), etc., agregaban condimento a la entretenida discusión. Cualquier
cosa era considerada oficialmente como posible, excepto la estúpida,
infundamentada, absurda y blasfema idea de que fuera esférica y estuviera
flotando en el espacio, girando alrededor del sol.
Los poderosos de hace
quinientos años decidieron que era el momento de “abrir” América y largarse
públicamente a su conquista, porque ya tenían el control financiero de Europa, y
por lo tanto el control político, a pesar de que aún existían las monarquías.
Pero ya por ese entonces, el dinero mandaba. Los banqueros usaron su poder para
presionar a la Corona Española, porque ellos mismos no podían financiar a Colón.
No porque no tuvieran recursos -todo lo contrario-: 1) No debían exponer
públicamente su poder. 2) Necesitaban que un Gobierno cargara oficialmente con
la responsabilidad por las tropelías de los enviados, y 3) Que en lo futuro
pusiera a su disposición los ejércitos necesarios para la Gran Conquista del
“mercado americano”.
Los sucesores de hoy no pueden largarse abiertamente a
la conquista del interior terrestre por varias razones de gran peso. Pero al
menos se las han ingeniado muy hábilmente para ocultar esa realidad a la masa
mundial, con las mismas estrategias que sus ancestros. A ello han servido
millones de imágenes de la tierra maciza, en libros, revistas, diarios,
documentales televisivas, etc.. Es decir que la cuestión pasa por realidades
políticas, más que por discusiones científicas. Es difícil que un científico más
o menos completo, como un físico con nociones claras de química, astronomía,
topografía y geología, se trague el anzuelo de la tierra maciza, pero si lo pone
en duda públicamente, la “conspiración del silencio” -denunciada ya en muchas
publicaciones- le pone en la calle, ridiculizado y cerradas sus puertas en todas
las universidades, observatorios, proyectos, etc.. Pero es peor aún la reacción
de la familia que tanto lo quiere, pues igual le considerarán loco. Quien haya
leído los libros de Héctor Picco (Argentino), Raimond Bernad (Estadounidense),
Eduardo Elías (Peruano), -por nombrar a algunos de los más completos referidos
al tema-, comprenderán que sobran elementos referenciales (históricos), físicos,
químicos, astronómicos, oceanográficos, y geológicos para aceptar la realidad de
la Tierra Hueca, mientras que los argumentos supuestamente científicos de la
tierra maciza, adolecen de contradicciones que para un joven estudiante de
física saltan a la vista.
Varios diarios y revistas de 1956, se hicieron eco
de las palabras del Almirante norteamericano Richad Evelyn Byrd: “E.E.U.U.
deberá enfrentar una gran amenaza que se cierne desde los polos”.
Este hombre
había ingresado en 1947, a una tierra que calculó el doble del territorio de su
país, sobrevolándola en un gran cuatrimotor, cuando lo que pretendía era
sobrevolar el Polo Norte. No se trataba de ninguna parte de Siberia ni de
Canadá. Nueve años más tarde (1956), encabezó el Proyecto “Hig Hump” (“Salto
Alto”), que supuestamente consistía en una expedición científica a la Antártida.
Pero el móvil no era otro que comprobar dos cosas de máxima importancia para el
establishment, y especialmente para el gobierno norteamericano: A) Localizar las
bases alemanas que se establecieron en los oasis polares desde 1939, y B)
Comprobar la forma de los huecos polares. Por la primera cuestión, la
“expedición científica”, constaba de catorce barcos de guerra, aproximadamente
2.700 soldados y ningún civil. El equipo contaba -para la segunda cuestión- con
cinco grandes aviones. En la página:
http://ovnis.esoterica.pt/espanhol/Principesp/antarctidaesp/antarctidaesp.htm
puede
comprenderse con más datos este asunto.

Claro que tras la gran cantidad de vidas perdidas (nunca se publicó
realmente el total de bajas), el regreso de la expedición fue convertido por la
prensa oficial, en una fiesta, en el fin de una “maravillosa excursión” que
muchas personas han visto por televisión en la década del ’60. Oasis polares con
temperaturas casi subtropicales, ríos de aguas tibias, extensos bosques,
etc..
Quienes hemos visto esa hora y media de documental en la Antártida, nos
preguntamos: ¿Cómo es que no se organizan expediciones turísticas a tan bellos
lugares?, ¿Cómo es que los gobiernos se han apresurado tanto en “proteger
ecológicamente” a los polos, desalentando todo intento de exploración y
explotación? (incluso hay normas internacionales de aeronavegación que prohiben
sobrevolar las regiones polares). Mientras tanto, estos gobiernos no tienen la
menor preocupación por proteger ecológicamente el Amazonas o los bosques del
resto del mundo, y menos por proteger la vida humana. No escatiman esfuerzos
para inventar argumentos pseudocientíficos para confundir, o utilizar argumentos
menores -fundados o no- para desviar la mirada de las masas hacia todo lo que se
pueda cocinar dentro de esta civilización. Uno de esos argumentos, muy
escasamente fundado, es el agujero de ozono, que ha existido siempre,
acompañando la topografía propia de los polos, como lo indican las láminas
adjuntas. Otro elemento de distracción, es el de los
extraterrestres, que aunque existen y vienen a visitarnos muy a
menudo, los gobiernos usan el asunto para que sólo miremos para arriba o
“afuera”, y no veamos lo que se oculta abajo, o sea “adentro” de nuestro propio
planeta. En todo es igual: mientras nos entretenemos con el brillo multicolor de
los carteles, la televisión, el internet, la pornografía, los escándalos del
jet-set y el fútbol, ocurre que las realidades importantes -cuyo conocimiento
definiría nuestros pensamientos en otra orientación más libre y amplia- quedan
en el terreno de lo increíble, lo ridículo o “lo interesante”.
Es que el
hombre “promedio” de la superficie externa de la Tierra está extrapolado en todo
sentido. No se ve a sí mismo. No ve sus pensamientos y sentimientos a menos que
algún desorden económico o emocional lo ponga contra la pared. Allí reacciona,
pero ya tan conformado por pasiones edonistas y egoístas, que no piensa más que
en sí mismo. Entonces es relativamente fácil para los gobiernos, mantener a la
masa entretenida en “competir” para obtener más confort y seguridad económica,
lujo, placer y poder sobre otros.
Imagínese el Lector cuántas ganas pueden
tener los habitantes del interior terrestre, o los extraterrestres, de
contactarse con nosotros y decir ¡Aquí estamos!. Seguramente tendrán hasta leyes
que lo prohiban, así como nosotros tenemos -¡aún entre nosotros!- leyes de
inmigración. En este caso las diferencias deben ser tan grandes -o mayores- como
las que hay entre los jíbaros amazónicos y el resto de la superficie externa del
mundo. Los jíbaros tienen una disposición legal muy terminante: Matar a toda
persona que ingrese a su territorio sin las insignias y contraseñas que sólo sus
amigos conocen. Puede parecernos terrible, pero si esa consigna no se respetara,
ya no habría jíbaros en el Amazonas. Estarían como esclavos de tercera en las
fábricas de la civilización, y sus mujeres, que siempre han vivido desnudas,
estarían semi-vestidas en los burdeles de “nosotros, los civilizados”.
Hasta
hace unos doscientos años, era posible acercarse a los jíbaros sin miedo alguno.
Cualquier presencia humana extraña era motivo de una gran fiesta. Pero los
buscadores de oro y diamante, y los tratantes de mujeres, fueron suficiente
motivo para dictar esa consigna que hoy hace impenetrable ciertos lugares. A
pesar de no tener tecnología, se defienden. Prefieren morir antes que caer
esclavos, pues no es otro el destino que puede darles nuestra sociedad. Si en el
interior de la Tierra viven los dioses de las crónicas -tomadas como leyendas-
nórdicas, y de las crónicas de la Grecia antigua, no deben ser tan fáciles de
conquistar como los inocentes (casi ingenuos) aborígenes americanos de cinco
siglos atrás, que no entendían la maldad, la usura, el esclavismo, los vicios y
todas esas características de una civilización que, encima de destruirlos, los
calumnió con supuestos ritos brutales de sacrificios humanos. Varios millones de
aborígenes se salvaron de las masacres de la conquista porque desaparecieron.
Los conquistadores hallaron cientos de poblaciones y grandes ciudades vacías,
recientemente abandonadas. ¿Se los tragó la tierra?.
Estos dioses -para
aquellos creyentes en las Sagradas Escrituras- también figuran en el Génesis
Bíblico. El padre de Adán dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”,
y luego de la desobediencia dijo “Ahora echémosles de aquí, puesto que han
comido del Arbol que les prohibí comer, no sea que también alarguen su mano y
coman del fruto de conservar la vida, vengan a ser como nosotros y vivan para
siempre”. Es más: La Biblia dice que el Edén es el Paraíso Terrenal (no
celestial), y dice que les echaron “fuera”… Siga el Lector con la Biblia más
antigua y completa que pueda hallar. También el salmo 82 se halla dentro de “El
Juicio de los Dioses”. Si vamos a darle crédito a las Escrituras, pues démosle
también comprensión.
Si los que habitan en el interior terrestre son como el
genetista que hizo al clon adánico, mejor nos quedamos con nuestras propias
miserias, que para maldiciones y desgracias ya tenemos bastantes con las
nuestras, pero lo que me parece, es que -mejores o peores que nosotros-, no son
mansos.
Para empezar a tener una idea de cómo son, analicemos ésto: Cuentan
los últimos macuxíes (del norte del Amazonas), que hasta el año 1907 entraban
por una caverna y andaban entre trece y quince días, hasta llegar al interior.
Allí, “del otro lado del mundo”, viven los “hombres grandes”, que miden entre
tres y 3,5 metros. Son muy buenos pero hay que respetar sus indicaciones. La
consigna de los macuxíes del lugar, era custodiar la entrada de la caverna,
impidiendo el acceso a todo otro ser que no fuera alguno de los autorizados de
la tribu. Cuando el gran viento que recorría el enorme túnel empezaba a soplar
hacia afuera, (tenía ritmos de cinco días hacia afuera y otros tanto hacia
adentro) podían comenzar a descender las escaleras (de 82 cm. de altura cada
escalón), y las escaleras terminaban al tercer día (contaban los días con el
estómago y los períodos de sueño, lo que resulta sumamente exacto). Allí dejaban
también los breos (antorchas hechas con palos embebidos en brea de afloramientos
petrolíferos cercanos), y continuaban iluminados por luces que simplemente
estaban colocadas allí, grandes como una sandía y claras como una lámpara
eléctrica. Cada vez andaban más rápido, puesto que iban llevando menos peso e
iban perdiendo el peso corporal. Atravesaban cinco lugares que estaban muy bien
delimitados, en medio de unas cavidades enormes, cuyo techo no era posible ver.
Allí habían -en una de las salas- cuatro luces como soles, imposible mirarlos,
pero que seguramente no era tan altas como el sol. En ese sector crecían algunos
árboles de buenos frutos, como cajúes, nogales, mangos y plátanos, y plantas más
pequeñas. Por la descripción comparativa con ciertos lugares de la zona macuxí,
esa sala tendría unos diez kilómetros cuadrados de superficie “transitable” y
vegetada, y otros sectores inaccesibles y muy peligrosos, con piedra hirviendo,
así como unos arroyos de azogue (mercurio, que los macuxíes conocieron en el
presente siglo su uso para amalgamar el polvo de oro, merced a los garimpeiros
que hoy contaminan con él las aguas amazónicas). Luego de estas cinco grandes
cavidades, en un punto situado más allá de medio camino, debían tomarse de las
paredes, y con cuidado impulsarse porque “volaban” (es decir que estaban
ingrávidos como un astronauta).
El viento que había comenzado a soplar hacia
afuera, no era obstáculo al iniciar el descenso, pero si lo intentaban al revés,
la violencia del remolino les podía arrastrar al abismal túnel, y el cadáver
-golpeado mil veces- no se detendría hasta un día de marcha, cueva adentro.
Respetando este ciclo, iniciando la marcha con viento en contra (que era a favor
de su seguridad) bajaban tres días por escaleras; y luego de dos días de marcha
por túnel angosto, ya sin escaleras, el viento volvía hacia adentro, de modo que
cuidaban los pasos desde el día de la partida, para no dejar arena removida o
guijarros sueltos que luego se estrellarían en sus espaldas. Aún con viento a
favor -ya en el séptimo u octavo día de marcha-, llegaban a la zona “donde todo
vuela”, es decir al medio de la costra del planeta (el medio de la masa,
magnéticamente hablando, que no es el centro geométrico de la Tierra, sino
cualquier punto en medio del espesor de la corteza). A veces el viento era muy
fuerte, y en vez de tomarse de las paredes para impulsarse, debían hacerlo para
frenarse y no ser golpeados. Generalmente duraba desde poco menos de un día
hasta día y medio, la travesía sin gravedad. Algunas veces debieron aferrarse a
las salientes pétreas o a hierros que habían “desde antes” clavados en la roca,
y esperar dos días a que amainara el viento. Luego seguían el camino
caracterizado por arroyos con aguas muy frías que atravesaban la caverna, y
entraban a una especie de gran vacía, mayor que las anteriores, donde habían
unas cosas brillantes, de forma similar a los panales de abejas, de unos diez
metros de diámetro, situados sobre un vástago, como un tronco de árbol, a una
altura imprecisable por la memoria de los últimos macuxíes que viven recordando
aquello, aún con cierto temor a las represalias de “los hombres grandes”.

Los viajeros iban recobrando el peso, pero no llegaban a recobrarlo
totalmente, porque aparecían en “la tierra del otro lado”, donde todo es un poco
más liviano, el sol es rojo y siempre es de día, sin noche, ni estrellas ni
luna. Allí permanecían unos días, disfrutando de unas playas cercanas,
volviéndose más jóvenes. (Lo que recuerda a Apolo, que iba al Olimpo a
rejuvenecerse) Los macuxíes conocían muy bien el Atlántico, pues estaban
-“afuera”- a unos trescientos kilómetros de la costa, y no era éste el mar). Los
gigantes les daban unos peces muy buenos y grandes, cuya carne no se descomponía
hasta dos o tres meses de haber sido pescados. Con esa preciosa carga, manzanas
más grandes que una cabeza y uvas del tamaño de un puño, además de mucha energía
corporal, volvían acompañados de algunos gigantes que les ayudaban con el enorme
peso que traían. El viaje de vuelta se iniciaba con viento a favor, para volver
a tenerlo a favor también en la última etapa, al subir los tres últimos días por
las escaleras, cuyos últimos restos existen actualmente.
La creencia -o
conocimiento- de los macuxíes, es que si respetan las pautas dadas por los
gigantes, luego de morir aquí afuera, nacerán entre ellos, allá adentro. Cuentan
que algunos macuxíes no morían, sino que se transformaban (¿transfiguraban?) en
casi-gigantes y se quedaban en el interior. Esto requería principalmente, no
tener hijos aquí afuera.
La tragedia para los macuxíes sucedió en 1907. Tres
exploradores ingleses, llegaron en nombre de su reina, buscando diamantes. La
zona macuxí es aún actualmente un poco diamantífera, pero ya se la ha explotado
desde 1912 tan intensamente que casi no hay diamante, siendo poco o nada
rentable su búsqueda. Cuando llegaron los ingleses, había lo suficiente como
para conformar a la reina y a muchos ambiciosos que se enriquecieron luego,
explotando a los nativos, pero uno de aquellos “viajeros autorizados al Centro
de la Tierra” cometió la terrible imprudencia de violar la consigna de secreto,
e indicó el lugar de entrada a los extranjeros. Uno de ellos envió una carta a
Su Majestad, repitiéndole una narración como ésta, con algunos detalles más. En
las arenas de las playas interiores, abunda el diamante, al igual que en algunos
enormes bloques carboníferos de mineral de serpentina, de antiguos calderos
volcánicos, que hoy son, justamente, esos túneles hacia el interior del
mundo.
Los tres hombres salieron -o mejor dicho entraron- de expedición, pero
no regresaron jamás. En vez de ello, salieron los gigantes, reprendieron a los
macuxíes y les prohibieron para siempre el ingreso al interior. Luego de dos
años de angustia y pobreza (esa zona, en esta superficie externa tenía diamantes
-sin valor entonces para ellos-, pero no mucha fruta ni muchos peces),
decidieron intentar un nuevo contacto con los gigantes, a pesar de la
prohibición. Viajaron esperanzados durante dos días, pero llegaron a un punto
del camino donde el viento venía de otra caverna que ellos no conocían. El
camino original estaba derrumbado. Algunos volvieron inmediatamente, pero otros
decidieron seguir el nuevo y desconocido túnel. Varios meses después, uno de
ellos regresó y dijo al resto que podían entrar; los gigantes les autorizaban,
pero sería para no volver nunca afuera, porque otros ingleses irían al
territorio y les dañarían. Algunos se negaron a partir, porque el lugar asignado
era una de aquellas grandes vacuoides. Otros aceptaron irse y no regresaron
jamás.
Unos años después, comenzaron a llegar garimpeiros, a enturbiar los
ríos con zarandas, resumidoras y mercurio, y a enturbiar los cerebros de los
macuxíes que se quedaron “afuera”, con caña, caipiriña y macoña (droga). También
les enturbiaban las espaldas -con látigos- y la raza, violando a sus mujeres. En
junio o julio de 1946 hubo un enorme derrumbe en el túnel, cayendo casi toda la
escalera. Hoy sólo quedan algunos escalones del inicio, y un enorme precipicio
inescalable, donde el viento sopla con ritmos diferentes. Algunos viejos
macuxíes que escaparon al látigo inglés, y aún viven contando su edad por lunas,
no se resignan totalmente a olvidar el Paraíso Perdido. Nunca mejor expresado,
pues ellos lo conocieron… Y lo perdieron.
Pero no termina allí esta
tragedia. Un hombre llamado Alone Moore, fue enviado por el gobierno inglés en
1909 para cumplir dos objetivos. El primero, asegurarse que la narración
recibida por la reina era verídica. El segundo: “Silenciar todo lo relativo a
grandes cantidades de diamante, y si fuera hallada una excesiva cantidad,
molerlo todo y asegurarse que se pierda para siempre”. Las averiguaciones de
Moore fueron muy metódicas y escrupulosamente delicadas: torturó primero a
algunas mujeres y luego a los pocos niños que habían quedado “afuera”. Quería
saber dónde estaban los demás aborígenes, los tres exploradores, y sobre todo:
dónde estaban esas grandes cantidades de diamante que preocupaban a la reina.
Este segundo objetivo difícilmente me lo pudieran haber aclarado los aborígenes,
ni los historiadores. Las crónicas y cartas que un aborigen conserva, tampoco
aclaran la aparente contradicción de esta orden. Supuse que alguien saboteaba al
gobierno inglés, o algo muy grande se tramaba a nivel financiero mundial, pues
ya había visto unas órdenes semejantes dadas a unos soldados ingleses, que en
1934 buscaban a un alemán que decía haber encontrado un filón con de oro grande
como toda una montaña.. La orden -consta en el libro de “Lendas e Tradições da
Roraima Velha”, de Francisco Lacerna Gambidez- no era quitarle el oro ni
embarcarlo a Inglaterra, sino “hacerlo desaparecer, o eliminar todo rastro que
permita encontrarlo alguna vez”.
Muchos historiadores, antropólogos, y
lectores en general, habrán hecho las mismas suposiciones que naufragaron en mi
cerebro durante un par de años, sin comprender la cosa. Pero un buen día le
cuento ésto a un joyero amigo, y él me dice lo siguiente. “¿Te imaginas lo que
nos pasaría a los joyeros de todo el mundo, a los bancos, a los gobiernos, al
Sindicato del Diamante, si así, de un día para otro, aparece un inconsciente con
toneladas de oro y diamantes?. No valdrían nada, porque su valor se relaciona
con su escasez o su rareza”. Creo que allí -por fin un poco menos ingenuo-
comprendí porqué nunca sabemos realmente lo que pasa. En ese momento me di
cuenta que a nadie que tenga su vida y su alma apostada a algún plazo fijo, le
conviene que se descubran las galería subterráneas cuyos inicios ciertamente son
conocidos por muchas personas que callan. En ese momento comprendí
definitivamente porqué, mientras exista el actual orden económico mundial, no
podremos nunca relacionarnos con extraterrestres ni con intraterrestres. Como
tampoco podremos andar en plato volador; no porque no se pueda hacer un “avión
electro-magnetodinámico platiforme antigravitacional”, como lo llamó uno de los
tantos inventores, sino que se acaba el mercado. Se acaba el valor del
combustible, y el control de unos pocos sobre los muchos, se acaba todo lo que
el Lector seguramente deducirá que se acaba. Pero lo que se está acabando es
esta civilización, que de tanto engañarse a si misma, se queda ya sin argumentos
para seguir engañando. Otra civilización nacerá, tras la caída de las bolsas.
Para entonces los brazos protectores de la bestia estarán listos y todo estará
en orden. Todos creerán que el mundo del control financiero es más macizo y
sólido que nunca. Al enfriarse se partirá, como toda cosa rígida, y después de
eso, quizá los dioses vuelvan.
Si a los seis años hubiera pensado que todo
lo que decía mi Maestra eran “creencias”, hoy no sabría nada de nada. Aún así,
muchas cosas resultaron ser puras “creencias interesadamente fabricadas”. Yo
preferí creer y buscar. Pero ya no puedo simplemente “creer”, porque hay muchas
pruebas materiales, y mucho de ello han visto mis ojos, aunque ellas ya no son
lo importante. Lo importante es transformar nuestra propia “civilización”, para
que realmente lo sea, y ello empieza en cada uno de Nosotros.

LA TIERRA ES HUECA (2)

No es necesario ser geomorfólogo para
comprender la cuestión de la Tierra Hueca, pero sí es necesario comprender el
asunto desde todos los puntos de vista posible: histórico, antropológico, físico
y geológico -principalmente- pero sin olvidar que, como he explicado en el
documento anterior, que el desconocimiento de tan importante asunto es
fundamentalmente político. Ahora veremos el ángulo físico, para tomar una idea
clara de las superficies y volúmenes de la Tierra, así como de sus procesos de
formación, porque de lo contrario, estaremos sometidos a la imposición de
“teorías” que convienen a los mercaderes en vez que a los investigadores o a la
humanidad en general. Para eso contamos con el aporte de diversas materias en
las que cada especialista tiene lo suyo que decir.
Si vemos la teoría de
formación planetaria bajo la más tajante de las materias, como es la física,
tenemos sólo un desarrollo posible, y cualquier otra “teoría” caerá en errores
en un momento un otro del desarrollo. La teoría de la Tierra Maciza, por
ejemplo, cae en un montón de errores, como el hecho del origen mismo de la masa
-supuestamente homogénea en un principio- que luego no podría desarrollar una
dinámica hídrica, química, volcánica, etc., porque sería como adjudicar esas
dinámicas a una masa de piedra volcánica que arrojásemos al espacio. ¿Acaso esa
masa podría desarrollar volcanes, cambios morfológicos, etc., a medida que se
enfría?.
Aparte de eso, una masa como la de la Tierra, si fuera maciza, se
partiría en millones de pedazos a medida que se enfriase, si fuese así el
petróleo, que sale de varios de kilómetros de profundidad (unos 20 Kms, en las
últimas perforaciones) saldría hirviendo o se habría quemado y descompuesto, y
un largo etcétera de cosas objetivamente conocidas, completamente incoherentes
con la teoría de la Tierra Maciza. Y la verdad es que desde el absurdo
teórico-físico, es imposible seguir una teoría cualquiera sin caer en más
absurdos. Describiré el proceso elemental acompañado con imágenes.

1) Una estrella (pondremos nuestro sol)
explota, cumpliendo un ciclo que se conoce parcialmente, pero que sin caer en
especulaciones extremas, sabemos que cada unos cuantos miles de millones de
años, se reinicia o renace, surgiendo de él un nuevo sistema solar (también
tenemos claro que no todas las estrellas se “reinician”, porque algunas estallan
para convertirse en una nebulosa desparramada y sin vida propia). El resultado
de esa explosión, en el caso de una estrella que “se reinicia”, es la formación
de una nebulosa planetífera. Algunos cientos o miles de núcleos de plasma
estelar, vuelven a formar un núcleo central que llamamos Sol. Pero quedan, por
una compleja regla matemática, y en proporción a la intensidad de la explosión,
una cantidad “X” de núcleos de una masa que ronda las milésimas o a lo sumo
centésimas de la masa del sol original, dando vueltas en la
periferia.

Mientras que el “nuevo sol” se
cohesiona y reactiva, esos núcleos más distantes se mantienen en órbita. Luego
una fracción de la materia plasmática dispersa de la nebulosa, se convierte en
“materia química”, es decir que cambia su “estado alquímico”, pasando a formar
átomos de helio, hidrógeno, etc., que son atraídos por esos núcleos dispersos.
Ahora veamos un núcleo en particular, al que llamaremos “sol interior”, pero
aunque nos refiramos a la Tierra, cabe la explicación para todos los planetas.
Resulta que los átomos de materia que ahora es “química” y no plasmática, por
efecto de cambios de tensión magnética, relaciones de temperatura intrínseca y
el frío absoluto del vacío externo, se han agrupado alrededor de los núcleos que
serán “soles internos”, que giran a millones de kilómetros del Sol Central. Han
formado una burbuja alrededor de los mismos, porque resulta que entre la materia
plasmática y la materia química hay tales diferencias que se pone en juego la
Ley de Interacción, es decir que se atraen mutuamente hasta un cierto punto,
pero las tenciones de repulsión las mantienen allí, atrapadas en una órbita,
pero sin poder acercarse más.
Lo mismo ocurre con otros guijarros que andan
por ahí, sueltos en el espacio, meteoritos de diverso origen, y con los “nuevos
guijarros”, que se van formando por procesos de cohesión molecular y
combinaciones diversas, entre todas las partículas reunidas, las cuales
-partículas y guijarros- van formando lo que llamaremos “costra”.
Así tenemos
un núcleo central de plasma estelar (un pequeño sol), al cual se le va formando
una “costra”, blanda y maleable, muy gaseosa, la cual, por estar sujeta a una
rotación en el espacio, empieza desde su mismo origen, a evidenciar un par de
huecos en sus polos de rotación. Entre la superficie de este “sol interior” y la
superficie interna de la costra existe una distancia equivalente a seis o siete
veces el diámetro del “sol interior”. Ello obedece a una serie de constantes
físicas, y vería según el tipo de masa que acumula como “costra”, así como las
características del plasma estelar, que también puede variar en función del tipo
de estrella que le da origen.

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La materia dispersa por el cosmos
se sigue acumulando al paso del nuevo planeta en órbita, y la costra se va
consolidando. Pero también ocurre que se va encontrando con otros pequeños
núcleos de plasma que no han alcanzado a formarse como planetas o planetoides.
Así que algunos son atraídos por el núcleo central del planeta, por ser de la
misma consistencia alquímica. Pero la masa medianamente formada, retiene a estos
pequeños núcleos, que alcanzan en ella diversos grados de profundidad.
Generalmente no pasan de la mitad de la costra ya formada. Pero al encontrarse
entre dos poderosas fuerzas -atracción y repulsión- a nivel molecular se produce
un curioso efecto ya descrito en algunos libros de alquimia y observado en
procesos de metalurgia moderna. La materia plasmática produce la fusión de gran
parte de los componentes de la costra -especialmente del sílice-, originando lo
que conocemos como “magma”. Es decir, piedra volcánica en su estado
incandescente.
Entonces tenemos en el interior de la costra, unos núcleos de
plasma prisioneros, que generan enormes presiones no sólo en el sentido
nomalmente conocido por la física, sino que hay fenómenos “alquímicos”, que
tanto físicos como químicos actuales parecen desconocer, en su mayoría, salvo
los físicos cuánticos que están más familiariarizados con el mundo de las
partículas y las teorías sobre el origen de la materia, así como los procesos
arqueométricos.
Tenemos -en síntesis- un hornito formado por un núcleo de
plasma estelar y la masa pétrea que lo retiene. Ese horno llamado también
“panela” u “olla” magmática, tendrá en la mayoría de los casos, una serie de
válvulas de escape, o las producirá por las enormes presiones, en los puntos más
débiles de la corteza terrestre, originando un volcán. Pero otros puntos de esta
geomorfología dinámica, se relacionarán con formaciones donde se ha concentrado
algo de agua, y esto generará -a modo de caldera- una hidrodinámica planetaria,
que hará circular esas aguas por diversos puntos de la costra, algunos de los
cuales serán vistos en la superficie en forma de géiseres, pero la mayoría darán
origen a corrientes subterráneas que influirán en las grandes corrientes
marinas. También estas “panelas” darán origen a procesos químicos como la
formación de actínidos (elementos pesados como el uranio, etc.) los cuales
derivrán tras un largo proceso, en la formación de diversos elementos
químicos.
Estas explicaciones nos sirven para entender a “grosso modo” la
dinámica de la corteza o costra terrestre, pero recordemos que ésta tiene dos
superficies: una interna y la otra externa, en la que vivimos nosotros.
La
superficie interna es en realidad la que lleva la mejor parte en los procesos de
desarrollo biológico, porque su gravedad siempre será menos que la gravedad
externa. Mientras aquí tenemos 9,8 metros sobre segundo como coeficiente de
aceleración, en el interior esta medida es de aproximadamente 6,7. O sea que mis
100 kilos de aquí, se convertirían en unos 67 de “adentro”. Además, nunca veré
la noche, y si el precio por no ver las hermosas estrellas acompañando a la
poética Luna, se me compensa con semejante diferencia de gravedad, un día
permanente, -con todas las energías magnéticas armónicas que produce un sol que
desde su génesis es el más adecuado para la genética humana, bien vale dejar de
ve el “abismo sideral”, para conocer las maravillas de una tierra donde todo es
perfectamente adecuado a la vida.
Las temperaturas internas varían entre los
26 grados centígrados en cercanía de los polos, y los 46º en las zonas del
ecuador interior, así que el promedio es el más adecuado para la vida basada en
el carbono. Pero ésto no es cosa exclusiva de la Tierra, sino que se desprende
de un conjunto de Leyes Universales, -algunas de las cuales llamamos “leyes
físicas”- y son tan válidas aquí como en la más lejana galaxia. O sea que no
podemos hablar sólo de “La Tierra Hueca“, sino que huecos son todos los
planetas, del mismo modo que no hace un pájaro un nido macizo, para vivir en la
intemperie, ni hacemos casas macisas para vivir en el tejado. Ninguna matriz de
vida es maciza; todas las matrices son huecas y es “adentro” donde se desarrolla
la vida. Ningún fruto -salvo el cajú que es una evidente manipulación genética
muy antigua- produce la semilla afuera. ¿Sería la Naturaleza Divina tan tonta de
hacer incontables mundos inhabitables?.
Porque la superficie externa de los
planetas es realmente una “intemperie cósmica inhabitable”. Y nosotros tenemos
unas condiciones realmente excepcionales, pero a la vez evidentemente
antinaturales: Temperaturas de entre -80º hasta +52º y sobrevivimos merced a una
gran capacidad de adaptación con ayuda de la inteligencia, pero jamás podríamos
habernos desarrollado desde un punto de vista “evolutivo” en estas
condiciones.
Libros antropológicos extraordinarios, como La Biblia, que las
religiones han manipulado y adulterado “a piacere” para darle un uso de dominio
psíquico de masas, nos dicen, sin embargo, unas cuantas claves: Por ejemplo, el
Paraíso Terrenal. No nos dice en ningún momento que haya un Paraíso Celestial.
Ni siquiera en el Nuevo Testamento tenemos una Paraíso que no sea el Terrenal,
aunque las iglesias hayan extrapolado mediante imágenes el lugar de futuro
“estado post-mortem” del hombre a un aburrido cielo con nubes y
angelitos.
Siguiendo con la cuestión física, parece que nuestro Sol Interior
o núcleo tiene unos 500 kilómetros de diámetro, según cálculos estrictamente
fisico-matemáticos, pero si consideramos la descripción de Nicolá Jansen, de
Vito Dumas (el Navegante Solitario), de los Macuxíes de Roraima y de los últimos
Mongulas del Ecuador (estuve a punto de entrar por la caverna que custodiaban
éstos últimos hasta hace una década, pero de eso hablaré en otra parte) ese sol
interno es de algo menos de un “salto de pulgar”. Sacando la proporción teórica
de unos 500 kilómetros de diámetro, ubicándolo a unos 3100 kilómetros de la
superficie interna, pues nos da esa medida “a ojo”: casi, un salto de
pulgar.
(El salto de pulgar es la medida relativa que se obtiene mirando al
objetivo con un ojo, colocando el pulgar sobre él o sobre uno de sus bordes, y
cambiando de ojo tenemos esa “distancia ocular” relativa)
Ni los Macuxíes, ni
los Mongulas, ni Nicolas Jansen leyeron a Julio Verne, y hasta este profeta, del
cual se han cumplido todas sus “pseudonovelas” hasta ahora (en realidad,
predicciones científicas basadas en conocimiento esotérico), describe en “Viaje
al Centro de la Tierra” el sol interior. Don Julio estaba muy relacionado con
científicos diversos de su época, y además es mentira que nunca salió de su
pueblito natal, porque anduvo por buena parte del mundo, y por si fuera poco, y
era miembro del Votivvm Hermeticvs y de la Orden de Thule, así que lo que
escribía no eran meras “imaginaciones”.
Para facilitarme la tarea de
continuar con estos artículos, les ruego a los queridos lectores que hagan
preguntas, ya que ello me permitirá exponer las cosas que -por parecerme obvias
tras tantos años de dedicación al tema- aclararán mejor estos “misterios”.
Pueden hacer sus preguntas o aportes en la lista de correo: askasis-alta@elistas.net. Y
seguiremos investigando y divulgando, pero siempre con una tendencia “hacia la
derecha”. Es decir hacia el lado de lo real, evitando el otro lado, que es el de
la ficción, porque la REALIDAD, es mucho más maravillosa que cualquier ficción,
y hasta los más grandes visionarios se suelen quedar cortos en cuanto al
potencial de la realidad ¿No se quedó corto Julio Verne en su “De la Tierra a la
Luna”?. Si hubiera escrito que 500 millones de personas verían el alunizaje en
una caja cuadrada que se parece a una “bola mágica”… Quizá su editor le habría
dicho que más que delirante, estaba rematadamente loco..

LA TIERRA ES HUECA (03)
La división subtemática del tema «Tierra Hueca» es algo
importante de tener en claro antes de seguir con estos artículos. Hasta aquí
hemos visto la teoría general, cosmogenética, y algunas cuestiones
referenciales. En adelante las veremos ordenadamente porque el asunto irá
poniéndose de aguachento a caldoso espeso.
1) Teoría Geomorfológica
2)
Teoría Cosmogenética
3) Teoría Física
4) Análisis histórico y referencial
(I)
5) Análisis histórico y referencial (II)
6) Teoría conspiranoica
7)
Demostración de la Teoría Conspiranoica
8) Documentación de todos los
asuntos
Como ya llevamos dos artículos anteriores, la teoría física es lo que
continúa, y aquí me gustaría dejar lugar a la opinión de los físicos para
continuar este asunto, que -antes de pasar al punto 4- lo dejaré abierto con
estos simples ejemplos:
Si una masa como la de la Tierra, cuya estimación
varía según los teóricos de las diferentes posibles constituciones y formas, en
el espacio está sometida a una traslación de 30 Kms por segundo, con una
rotación de medio kilómetro por segundo… Pero esa masa está en estado
«nebuloso», «blando», o simplemente «fragmentado» en bloques de materia en
proceso de organización… ¿Qué pasaría en los polos?.
¿No pasaría lo mismo
que cuando revolvemos un pocillo de café?. ¿No ocurriría lo mismo que podemos
observar en una masa cualquiera sometida a la rotación?.
Hay un par de libros
que todos los interesados en este asunto deberían conocer, especialmente porque
sus autores no han hecho «el gran negocio» con sus ediciones, sino que les ha
costado sangre, sudor y lágrimas, poder hacer algunas ediciones a costa de sus
propios bolsillos, sabiendo los riesgos que corrían, siendo éstos bastante
mayores que lo meramente económico. Hoy, gracias a valientes como éstos, el tema
ya no puede seguir en la censura secreta.
Se trata de «La Tierra es Hueca» de
Eduardo Elías: http://www.kier.com.ar/resul_busq_1.php3?269
y de «Las Pruebas
Materiales de la Tierra Hueca» (I y II) de Héctor Picco:
http://members.nbci.com/tierrahueca/libro.htm
Especialmente el «II» de
Héctor Picco abunda en detalles físicos fáciles de entender por cualquier
persona.
Por otra parte, rescato algo que encontré en la web hace
tiempo:
Se me ha ocurrido pensar que habría dicho Newton sobre el tema, y
fijaos en lo que dice esta proposición, incluida en los “Principia
Methematica”
, que copio textualmente:
SECCIÓN XII
Sobre
las fuerzas atractivas de cuerpos esféricos
PROPOSICIÓN LXX. TEOREMA XXX

Si hacia cada punto de una superficie esférica tienden fuerzas centrípetas
iguales que decrecen como el cuadrado de las distancias desde esos puntos,
afirmo que un corpúsculo situado dentro de tal superficie no será atraído por
esas fuerzas en ningún sentido.
Supongamos que HlKL sea esa superficie
esférica y P un corpúsculo situado dentro. A través de P trácense hasta esa
superficie dos líneas HK y IL, interceptando arcos muy pequeños HI y KL;

como (por el Corolario III, Lema
VIl) los triángulos HPI y LPK son semejantes, esos arcos serán proporcionales a
las distancias HP y LP; y cualesquiera partículas en HI y KL de la superficie
esférica determinada con rectas que atraviesan P, serán como el cuadrado de esas
distancias. En consecuencia, las fuerzas de esas partículas ejercidas sobre el
cuerpo P son iguales entre sí. Pues las fuerzas son directamente como las
partículas e inversamente como el cuadrado de las distancias. Y esas dos razones
componen la razón de igualdad, 1:1. Como las atracciones son iguales pero
ejercidas en direcciones opuestas, se destruyen una a la otra. Y por un
razonamiento semejante todas las atracciones de la superficie esférica son
destruidas por atracciones contrarias. Por lo cual el cuerpo P no será en ningún
sentido impelido por tales atracciones. Q.E.D. (Quod Erat Demostrandum)

Pero eso no es todo. Por si os
quedaba alguna duda de la inexistencia de la gravedad central, Newton hace una
aclaración al final de la definición VIII del primer libro:
«El lector no
debe imaginar que atribuyo fuerzas en un sentido físico y auténtico a centros
(que son sólo puntos matemáticos) cuando aludo a centros dotados de capacidad
atractiva.»
Para tener más clara idea de la naturaleza de la costra, debemos
considerar más asuntos que lo que admitiría este artículo, pero las imágenes son
más claras que las explicaciones. Abajo vemos un esquema de la constitución de
la corteza terrestre, y aunque tenemos algunas disidencias sobre los números,
especialmente en el grosor, que varía en los cálculos de varios investigadores
entre los 1000 y los 1300 kilómetros, estamos de acuerdo en casi todo el resto.
Lo más interesante es que varios nos hemos encontrado, habiendo llegado a las
mismas conclusiones por muy diversos caminos. Respecto a los cálculos físicos,
los he comprobado referencialmente por los aborígenes macuxíes, de Roraima (al
norte de Brasil) y por los Mongulas, que hasta antes de 1995 iban al Interior,
por una caverna que ahora seguramente estará cerrada, ya que la guerrita que
armaron (vaya uno a saber quién), entre Perú y Ecuador, está en esa zona. Ellos
tardaban 14 días en llegar al interior, y otro tanto en volver. Al descender, a
algo más de mitad de camino, como se ve en la imagen, debían sortear una parte
en la que debían tener especial cuidado porque se hallaban ingrávidos, debiendo
avanzar impulsándose tal como los astronautas lo hacen en un túnel espacial. Eso
me lo explicaban aborígenes que jamás han visto más avance tecnológico que algún
avión que les sobrevuela de tanto en tanto.

En los polos, tenemos aproximadamente
esta situación…

           

      

      

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lo cual muchas veces queda confirmado
entre los defectos y chapuzas de los montajes fotográficos de los organismos
oficiales -especialmente de la propia NASA (que monopoliza casi toda la
tecnología satelital, especialmente en cuanto a control) y las reacciones
excesivas en intentar tapar el asunto.

También cabe aclarar que existen en la
costra, de unos mil kilómetros de espesor, muchísimas vacuoides habitadas por
otras civilizaciones. Al final de ésta página hallarás más información al
respecto.

ANÁLISIS HISTÓRICO Y REFERENCIAL
Una
lectura libre de los nubarrones de la religiosidad, sobre los libros antiguos,
nos dará cantidad de datos sobre la existencia de la Superficie Interior de la
Tierra. Para empezar, veamos uno de los libros más difundidos mundialmente y
prácticamente al alcance de cualquier persona: La Biblia. El GENESIS nos habla
de un Paraíso Terrenal, un Edén. Dice «Terrenal», no «celestial». Allí, en ese
Paraíso Terrenal, un dios (que incluso ha sido representado antropomórficamente
hasta hoy), tiene que hacer una serie de experimentos, para ver que «todo era
bueno». Digamos que simplemente «funcionaría de alguna manera», porque los
grandes saurios no me parecen obra de un Dios Universal, Eterno y Perfecto, sino
producto de experimentos de un ¿inexperto? en genética. Y no crea el lector que
nos vamos del tema, porque el asunto de «nuestro creador», está íntimamente
ligado a la cuestión geomorfológica.
Tenemos unas curiosas frases de este
«dios» que revelan el hecho de que no era ni remotamente el Dios Universal:
«…Ahora hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza», o «…He aquí que el
hombre que he creado ha comido del fruto del Arbol que le prohibí comer (de la
Ciencia del Ciencia del Bien y del Mal) y sus ojos se han abierto para siempre.
Ahora echémosle de aquí, no sea que alargue su mano y cama del Arbol de la Vida,
y viva para siempre, y venga a ser como nosotros.»
Además de tratarse de un
dios egoísta, irrespetuoso del sufrimiento ajeno (o mejor dicho productor de
sufrimientos), simplemente vemos que sus «atributos» nada tienen que ver con el
Dios Creador de la Naturaleza, el Cosmos, las Leyes Universales. Resulta que
nosotros, los mortales, tenemos origen real allí, en ese Paraíso Terrenal.
Cuando Adán y Eva son expulsados, primero les vistió con unas pieles, lo que
indica que no irían a un lugar precisamente caluroso. Dejo a los lectores el
asunto bíblico, que merece aunque más no sea, una leída analítica del
Génesis.
Otro libro de gran importancia para comprender la historia de la
Humanidad, es la Edda Nórdica, de la cual actualmente sólo se hallan algunos
fragmentos, y muchas versiones «modernas» bastante distorsionadas. En nombre de
las actuales ideologías dominantes, se destruyó en los últimos siglos todo lo
germánico, todo lo nórdico y ario, llegando la manipulación ideológica al punto
de hacer sentir vergüenza a los arios, de serlo, y hasta generando en las masas
arias una repulsión a la palabra que más sano orgullo debiera proporcionarles.
En resumen, la Edda cuenta la misma historia que el Génesis, pero «con pelos y
señales»; incluso varios nombres están bien claramente relacionados con La
Biblia.
También el Popol Vuh, uno de los libros mayas, que se refiere
precisamente al génesis, ubica a los creadores del hombre mortal en el interior
de la Tierra, y llegando a tal creación por una serie de experimentos. Algunas
otras referencias «míticas» nos dan pautas interesantes, aunque no muy
puntuales, como el caso de Apolo, que debía irse al Olimpo para rejuvenecer,
porque le afectaba estar entre los mortales. El nombre ya llama la atención,
pero la ubicación del Olimpo, claro está que no era en Grecia, sino que era en
«Hiperbórea», lo cual significa «más allá de la Tierra de Boreas», y ésta es el
continente helado del norte.
Un poco más cerca de nuestros días, tenemos una
cartografía que echa por tierra todos todas las tonterías que dicen los manuales
de historia sobre la Antártida.

               

      

      

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Hay varios otros antiguos mapas como
éstos, que me ha sido imposible fotografiar o fotocopiar, pero revolviendo en
las bibliotecas -desde las más importantes hasta las pequeñas bibliotecas de los
pueblecitos-, se encuentran.

           

      

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Muchos de los navegantes que han
hecho mapeos, han desaparecido sin dejar más rastro que su obra, tanto en las
oficinas navales de las Coronas (Portugal, España, Francia, Holanda e
Inglaterra, principalmente), como en algunas Órdenes Esotéricas.
Lamentablemente, todo ese material forma parte de secretos de Estados desde muy
antiguo (prácticamente desde el momento en que los servicios de inteligencia lo
localizan), así que resulta dificil de conseguir, porque la metapolítica -como
ya hemos hablado en el primer artículo- se maneja especialmente a partir del
control de la información. Y la información geográfica es la más importante de
todas en cuanto a estrategias políticas, tanto por razones estratégicas bélicas
como económicas.
Antes del «Circo del Descubrimiento de América», muchos
europeos cruzaban el Atlántico, especialmente los Templarios. Pero era un
secreto guardado a sangre y fuego, porque representaba el monopolio de muchas
riquezas, especialmente la plata. En aquella época, la plata valía mucho más que
el oro, y era el fundamento para la acumulación espúrea de riquezas
territoriales y poder político.
De todos modos, la represión violenta no era
suficiente, así que se hacían campañas de “difusión errónea” que hoy llamamos
«desinformación». Se divulgaba la idea de la Tierra Plana, con
forma de cilindro, flotando o sobresaliendo del «Maremagnum Infinitum». Si
alguien se animaba a acercarse a sus orillas, navegando océano adentro, caería a
ese mar lleno de monstruos. Esa y otras «teorías» por el estilo acallaban las
mentes de los pueblos a los que se había privado de los conocimientos que ya los
turcos y griegos tenían desde antes de Cristo, sobre la esfericidad de la
Tierra, tanto por análisis matemático, geométrico y físico, como por referencias
de navegantes. Incluso en el Runemandag y algunos Vedas, hay dibujos y
descripciones que científicamente interpretadas, nos dicen claramente la forma y
campos de densidad de la Tierra.

               

      

      

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A pesar de que no habían los
multimedios actuales, habían servicios de inteligencia tanto o más eficaces,
porque el obscurantismo preparado por siglos se sumaba a la imposibilidad de los
más despiertos para viajar y cambiar información.

En base a datos referenciales diversos,
hemos hecho esta imagen aproximada de la Antártida sin hielos:

           

      

      

Ckick en la imagen para verla
      aumentada

       

      

Para ver más imágenes -ARTÍSTICAS- de la Tierra
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LA TIERRA
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HECTOR ANTONIO PICCO: hectorpicco@hotmail.com

       

      

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Todavía nos queda
      mucho
por agregar
      a esta página, pero vamos a poner -tiempo
al tiempo- hasta la firma
      de
un Homo primordialis.

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About keithcoors_00

Yo soy yo. Creo que no hay otro. Crítico social. Terrícola por nacimiento y convicción (ésta última la más importante). Mexicano por accidente pero orgulloso de serlo. Escéptico, agnóstico, científico, cáustico, irónico, sarcástico, estocástico y otros calificativos esdrújulos Apariencia aparentemente engañosa, pero consistente. Promotor de proyectos de energía renovable.
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