Carlos aparecerá en Australia

Por Carl Sagan. Tomado de "El Mundo y sus Demonios"


En una tierra lejana de los mares del Sur corrió el rumor que había un hombre muy sabio, un curandero, un espíritu personificado. Podía hablar a través del tiempo. Era un Maestro Ascendido. Venía, decían. Venía…

En 1988, los periódicos australianos, revistas y canales de televisión empezaron a recibir la buena noticia a través de equipos de prensa y cintas de vídeo. Un folleto decía:

CARLOS

APARECERÁ EN AUSTRALIA

Los que lo han visto jamás lo olvidarán. De pronto, el artista joven y brillante que les está hablando parece titubear, se le reduce el pulso peligrosamente y prácticamente se detiene hasta la muerte. El auxiliar médico asignado para mantener una vigilancia constante está a punto de hacer sonar la alarma.

Pero entonces, con un latido poderoso, le vuelve el pulso… más rápido y fuerte que antes. Es evidente que la fuerza de la vida ha regresado al cuerpo… pero la entidad dentro de este cuerpo ya no es José Luis Álvarez, un hombre de diecinueve años cuyas singulares cerámicas pintadas se exhiben en las casas más lujosas de Norteamérica. Dentro de su cuerpo ha ocupado su lugar Carlos, una alma antigua cuyas enseñanzas serán al mismo tiempo un trastorno y una inspiración. Un ser que atraviesa una forma de muerte para dar paso a otra: éste es el fenómeno que ha hecho de Carlos, canalizado a través de José Luis Álvarez, la nueva figura dominante de la conciencia de la Nueva Era. Como dice incluso un crítico escéptico de Nueva York: «El primer y único caso de canalizador que ofrece una prueba tangible, física, de un cambio misterioso dentro de su fisiología humana.»

Ahora José, que se ha sometido a más de ciento setenta de esas pequeñas muertes y transformaciones, ha recibido la orden de Carlos de visitar Australia: en palabras del maestro, «la vieja tierra nueva» que va a ser la fuente de una revelación especial. Carlos ya había presagiado que en 1988 las catástrofes barrerían la tierra, morirían dos líderes mundiales importantes y, más tarde, ese mismo año, los australianos serían los primeros que verían elevarse una gran estrella que influiría profundamente en el futuro de la vida en la tierra.

DOMINGO 21

3.00 p.m.

CASA DE LA ÓPERA
TEATRO DRAMÁTICO

Después de un accidente de moto en 1986, se explicaba en el dossier de prensa, José Álvarez —que tenía a la sazón diecisiete años— sufrió una conmoción cerebral suave. Cuando se hubo recuperado, los que le conocían se dieron cuenta que había cambiado. A veces emanaba de él una voz muy diferente. Asustado, Álvarez buscó la ayuda de un psicoterapeuta, un especialista en trastornos múltiples de personalidad. El psiquiatra «descubrió que José canalizaba una entidad distinta a la que llamaron Carlos. Esta entidad se apodera del cuerpo de Álvarez cuando la fuerza de vida del cuerpo está en el grado de relajación correcto». Carlos, por lo visto, es un espíritu desencarnado de hace dos mil años, un fantasma sin forma corporal que invadió un cuerpo humano por última vez en Caracas, Venezuela, en 1900. Lamentablemente, ese cuerpo murió a los doce años al caer de un caballo. Esa puede ser la razón, explicó el terapeuta, por la que Carlos pudo entrar en el cuerpo de Álvarez después del accidente de moto. Cuando Álvarez entra en trance, entra en él el espíritu de Carlos, enfocado por un cristal grande y raro, y pronuncia la sabiduría de los siglos.

En el dossier de prensa se incluía una lista de las principales apariciones en ciudades americanas, una videocinta de la tumultuosa recepción de Álvarez/Carlos en un teatro de Broadway, su entrevista en la emisora de radio WOOP de Nueva York, y otras indicaciones de que aquello era un formidable fenómeno norteamericano de la Nueva Era. Dos detalles sustanciosos: un artículo de un periódico del sur de Florida decía: «NOTA DE TEATRO: La estancia de tres días del canalizador CARLOS se ha ampliado al War Memorial Auditorium… en respuesta a la petición de más apariciones», y un extracto de una guía de progra¬mas de televisión comentaba la emisión de un especial sobre «LA ENTIDAD CARLOS: Este estudio en profundidad revela los hechos tras una de las personalidades más populares y controvertidas del día».

Álvarez y su manager llegaron a Sydney en un vuelo de primera clase de Qantas. Viajaron a todas partes en una enorme limusina blanca. Ocuparon la suite presidencial de uno de los hoteles más prestigiosos de la ciudad. Álvarez iba ataviado con una elegante túnica blanca y un medallón de oro. En su primera conferencia de prensa apareció rápidamente Carlos. La entidad era vigorosa, letrada, imponente. Los programas de televisión australianos se sumaron rápidamente a la cola para conseguir apariciones de Álvarez, su manager y su enfermera (para comprobar el pulso y anunciar la presencia de Carlos).

En el Today Show de Australia fueron entrevistados por el anfitrión, George Negus. Cuando Negus les planteó algunas preguntas razonables y escépticas se mostraron de lo más susceptibles. Carlos maldijo al presentador. El manager acabó tirándole un vaso de agua a Negus y salieron los dos del plató con aire majestuoso. El asunto causó sensación en la prensa, se repitieron las imágenes muchas veces en la televisión australiana. «Arrebato en TV: ducha de agua para Negus» era el titular de primera página del Daily Mirror del 16 de febrero de 1988. Las emisoras de televisión recibieron miles de llamadas. Un ciudadano de Sydney aconsejó que se tomaran muy en serio la maldición sobre Negus: el ejército de Satanás ya había asumido el control de las Naciones Unidas, decía, y Australia podía ser la próxima.

La siguiente aparición de Carlos fue en la versión australiana de A Current Affair, Se invitó a un escéptico, que describió el truco de magia para detener brevemente el pulso de una mano: te pones una bola de goma en el sobaco y aprietas. Cuando se cuestionó la autenticidad de Carlos, éste se ofendió: «¡La entrevista ha terminado!», dijo con voz de trueno.

El día señalado, el teatro Dramático de la Casa de la Ópera de Sydney estaba casi lleno. Se había reunido una multitud expectante de jóvenes y viejos. La entrada era libre… lo que animó a los que sospechaban vagamente que podía ser algún tipo de patraña. Álvarez se sentó en un sofá bajo. Le controlaron el pulso. De pronto se detuvo. Aparentemente, estaba casi muerto. Emitía graves sonidos guturales desde muy dentro de él. La audiencia esperaba boquiabierta con respeto y reverencia. De pronto, el cuerpo de Álvarez recuperó el poder. Su postura irradiaba confianza. De la boca de Álvarez fluía una amplia perspectiva humana, espiritual. ¡Carlos estaba allí! Entrevistados al salir, muchos miembros del público describieron que se sentían conmovidos y maravillados.

El domingo siguiente, el programa de televisión más popular de Australia —llamado «Sixty Minutes» como su equivalente norteamericano— reveló que la historia de Carlos era una broma, de principio a fin. Los productores habían pensado que sería instructivo explorar la facilidad con que podía crearse un curandero o gurú para embaucar al público y los medios de comunicación. Por eso, naturalmente, se pusieron en contacto con uno de los principales expertos del mundo en engañar al público (al menos entre los que no ocupan o asesoran a ningún cargo político): el mago James Randi.

_ . _

En respuesta a sus preguntas, Randi propuso en el programa «Sixty Minutes» de Australia la idea de generar un engaño desde el principio… utilizando a alguien sin ninguna preparación de magia ni para hablar en público, y sin experiencia de predicador. Mientras pensaba en la organización de la patraña, sus ojos fueron a dar en su inquilino, José Luis Álvarez, un joven escultor de categoría. ¿Por qué no?, respondió Álvarez, que parecía una persona brillante, animosa y seria. Se sometió a una preparación intensiva, incluyendo ensayos de aparición en televisión y conferencias de prensa. No tenía que pensar las respuestas porque tenía un receptor de radio casi invisible en el oído, a través del que Randi le apuntaba. Los enviados de «Sixty Minutes» comprobaron la actuación de Álvarez. La persona de Carlos era una invención de Álvarez.

Cuando Álvarez y su «manager» —también reclutado para el trabajo sin experiencia previa— llegaron a Sydney, allí estaba James Randi, discreto, sin llamar la atención, susurrando en el transmisor desde un rincón. Toda la documentación explicativa era falsa. La maldición, el vaso de agua y todo lo demás eran para atraer la atención de los medios de comunicación. La atrajeron. Muchas personas habían acudido a la Casa de la Ópera por la atención que le habían prestado la televisión y la prensa. Una cadena de periódcos de Australia llegó a imprimir palabra por palabra los comunicados de la «Fundación Carlos».

Cuando «Sixty Minutes» hizo público el engaño, los demás medios de comunicación australianos se pusieron furiosos. Se quejaban de haber sido utilizados, les habían mentido. «Igual que hay directrices legales sobre el uso de provocadores por parte de la policía», tronaba Peter Robinson en la Australian Financial Review,

debe haber un límite al derecho de los medios de comunicación a
plantear una situación equívoca… Yo, francamente, no puedo aceptar
que decir una mentira sea una manera aceptable de infor¬mar de la
verdad… Todos los sondeos de la opinión pública muestran que hay una
sospecha entre el público general de que los medios de comunicación no
dicen toda la verdad o que dis¬torsionan las cosas, exageran, o son
tendenciosos.

El señor Robinson temía que Carlos pudiera haber dado crédito a esta extendida percepción errónea. Los titulares iban desde «Cómo Carlos los ridiculizó a todos» hasta «El engaño era estúpido». Los periódicos que no habían anunciado a Carlos a son de trompetas se congratulaban de sus reservas. Negus dijo de «Sixty Minutes»: «Hasta las personas íntegras pueden cometer errores», y negó que se hubiera dejado embaucar. Alguien que se presente como canalizador, dijo, es «un fraude por definición».

«Sixty Minutes» y Randi subrayaron que los medios de comunicación australianos no habían hecho ningún esfuerzo para comprobar la buena fe de «Carlos». No había aparecido nunca en ninguna de las ciudades nombradas. La cinta de vídeo de Carlos en el escenario de un teatro de Nueva York había sido un favor de los magos Penn y Teller, que estaban actuando allí. Se limitaron a pedir al público un gran aplauso; Alvarez entró, con la túnica y el medallón, el público aplaudió sumiso. Randi consiguió su cinta de vídeo, Alvarez se despidió, el show continuó. Y en Nueva York no existe ninguna emisora de radio llamada WOOP.

Era fácil encontrar otros motivos de sospecha en los escritos de Carlos. Pero como la divisa intelectual ha sido tan devaluada, como la credulidad —antigua y de la Nueva Era— es tan agresiva, como raramente se practica el pensamiento escéptico, no hay ninguna parodia demasiado inverosímil. La Fundación Carlos anunciaba la venta de un «CRISTAL DE LA ATLÁNTIDA» (en realidad se cuidaron escrupulosamente de no vender nada):

El maestro, en sus viajes, ha encontrado hasta ahora cinco de esos cristales únicos. Sin que la ciencia encuentre explicaciones, cada cristal contiene energía casi pura… [y tiene] unos poderes curativos enormes. Las formas contienen energía espiritual fosilizada y son una gran bendición para la preparación de la Tierra para la Nueva Era… De los cinco, el maestro ascendido lleva siempre un cristal de la Atlántida cerca de su cuerpo para protegerse y potenciar todas las actividades espirituales. Dos de ellos han sido adquiridos por bondadosos seguidores en Estados Unidos a cambio de la contribución sustancial que requiere el maestro ascendido.

O, bajo el titular: «LAS AGUAS DE CARLOS»:

El maestro ascendido encuentra de vez en cuando agua de tal pureza que emprende la energización de una cantidad de ella para beneficio de los demás, un proceso intensivo. Para producir lo que siempre es poco, el maestro ascendido se purifica él mismo y una cantidad de cristal de cuarzo puro moldeado en frascos. A continuación se coloca él mismo y los cristales en un gran cuenco de cobre, pulido y caliente. Durante un período de veinticuatro horas, el maestro ascendido vierte energía en el depósito espiritual del agua… No hace falta sacar el agua del frasco para utilizarla espiritualmente. Sólo sostener el frasco y concentrarse en curar una herida o enfermedad producirá resultados asombrosos. Sin embargo, si le sucede un infortunio serio a usted o a un ser cercano, unas gotas del agua energizada le ayudarán inmediatamente a la recuperación.

O «LÁGRIMAS DE CARLOS»:

El color rojo de los frascos que ha modelado el maestro ascendi¬do para las lágrimas es prueba suficiente de su poder, pero su emoción [sic] durante la meditación ha sido descrita por los que la han experimentado como «gloriosa unicidad».

También hay un librito. Las enseñanzas de Carlos, que empieza: 

YO SOY CARLOS
.

HE LLEGADO HASTA TI
A TRAVÉS DE MUCHAS
ENCARNACIONES PASADAS.

TENGO UNA GRAN LECCIÓN
PARA ENSEÑARTE. 

ESCUCHA ATENTAMENTE.

LEE ATENTAMENTE.

PIENSA ATENTAMENTE. 

LA VERDAD ESTÁ AQUÍ. 

La primera enseñanza es una pregunta: ¿Por qué estamos aquí?… La respuesta: «¿Quién puede decir cuál es la única respuesta? Hay muchas respuestas a cualquier pregunta y todas las respuestas son correctas. Es así. ¿Lo ve?»

El libro nos conmina a no pasar a la página siguiente hasta que hayamos entendido la página en la que estamos. Éste es uno de los muchos factores que dificultan terminarlo.

«De los que dudan —revela más adelante— sólo puedo decir esto: pueden tomar de este asunto lo que quieran. Terminan sin nada: un puñado de aire, quizá. ¿Y qué tiene el creyente? ¡TODO! Todas las preguntas contestadas, porque todas y cada una de las respuestas son correctas. ¡Y son buenas respuestas! Discute esto, escéptico.»

O: «No pidamos explicaciones de todo. Los occidentales, en particular, siempre estamos pidiendo descripciones prolijas de por qué esto, por qué aquello. La mayoría de lo que se pregunta es obvio. ¿Por qué ocuparse en examinar esas materias?… La fe hace que todo se convierta en verdad.»

La última página del libro expone una sola palabra en grandes letras: se nos exhorta a «¡PENSAR!».

Todo el texto de Las enseñanzas de Carlos fue escrito por Randi. Lo redactaron Álvarez y él precipitadamente en pocas horas en un ordenador portátil.

Los medios de comunicación australianos se sintieron traicionados por uno de los suyos. El principal programa de televisión del país se tomó la molestia de poner en evidencia la mala calidad del nivel de comprobación de datos y la extendida credulidad de las instituciones dedicadas a las noticias y asuntos públicos. Algunos analistas de los medios de comunicación lo excusaron basándose en que era obvio que el tema no era importante; de haberlo sido, lo habrían comprobado. Se entonaron unos cuantos mea culpa. Ninguno de los que habían sido engañados quiso aparecer en un programa retrospectivo sobre el «Asunto Carlos» programado para el domingo siguiente en «Sixty Minutes».
Desde luego, todo eso no implica que Australia sea algo especial.

Álvarez, Randi y sus colegas-conspiradores podían haber elegido cualquier nación en la Tierra y no hubiera cambiado nada. Los que concedieron una audiencia nacional de televisión a Carlos incluso sabían lo suficiente para hacer algunas preguntas escépticas… pero no se pudieron resistir a invitarlo. La lucha de aniquila¬ción mutua de los medios de comunicación dominó los titulares tras la partida de Carlos. Se escribieron comentarios confusos sobre el asunto. ¿Cuál era el objetivo? ¿Qué se había demostrado?

Álvarez y Randi demostraron lo poco que cuesta desnaturalizar nuestras creencias, lo dispuestos que estamos a dejarnos llevar, lo fácil que es engañar al público cuando la gente se encuentra sola y anhela creer en algo. Si Carlos se hubiera quedado más tiempo en Australia y se hubiera concentrado más en la curación —a través de la oración, de la fe en él, expresando deseos ante sus lágrimas embotelladas, acariciando sus cristales—, es indudable que hubieran aparecido personas curadas gracias a él de muchas enfermedades, especialmente psicogénicas. Incluso si lo único fraudulento hubiera sido su aspecto, dichos y productos anexos, algunos habrían mejorado gracias a Carlos.

Eso, nuevamente, es el efecto placebo que se encuentra en casi todos los curanderos. Creemos que tomamos una medicina potente y desaparece el dolor, al menos por un tiempo. Y cuando creemos que hemos recibido una cura espiritual poderosa, a veces la enfermedad también desaparece, al menos durante un tiempo. Hay gente que anuncia espontáneamente que ha sido curada aunque no sea así. En los detallados seguimientos que hicieron Nolen, Randi y muchos otros de personas a quien se había dicho que estaban curadas y así lo manifestaban ellas —por ejemplo, en servicios televisa¬dos de curanderos— no pudieron encontrar ni una que se hubiera curado realmente de una enfermedad orgánica grave. Incluso la mejora significativa de su estado era dudosa. Como sugiere la experiencia de Lourdes, quizá deberían revisarse de diez mil a un millón de casos para encontrar una verdadera recuperación asombrosa.

Un curandero puede empezar o no con el fraude en mente. Pero, para su sorpresa, resulta que sus pacientes parecen mejorar de verdad. Sus emociones son genuinas, su gratitud sincera. Cuando se critica al curandero, ellos salen en su defensa. Varios de los asistentes de más edad a la canalización de la Casa de la Opera de Syd¬ney montaron en cólera por la revelación de «Sixty Minutes»: «Da igual lo que diga —le decían a Álvarez—, nosotros creemos en ti.»

Esos éxitos pueden ser suficientes para convencer a muchos charlatanes —por muy cínicos que sean al principio— de que realmente tienen poderes místicos. Quizá no tienen éxito todas las veces. Los poderes vienen y van, se dicen a sí mismos. Tienen que disimular los momentos bajos. Si es necesario engañar un poco en algún momento, se dicen a sí mismos que sirven a un propósito más alto. Prueban su discurso con el consumidor. Funciona.

La mayoría de estas figuras sólo van detrás de nuestro dinero. Ésta es la parte buena. Pero lo que me preocupa es que aparezca un Carlos con asuntos más importantes en juego… un hombre atractivo, dominante, patriótico y rebosando liderazgo. Todos anhelamos un líder competente, incorrupto y carismático. Nos aferraremos a la oportunidad de apoyarle, creer en él, sentimos bien. La mayoría de los informadores, editores y productores —arrastrados por el resto de nosotros— huirán del examen escéptico real. Él no nos venderá oraciones, cristales o lágrimas. Quizá nos venda una guerra, un chivo expiatorio o un ramillete de creencias más globa¬les que Carlos. Sea lo que sea, irá acompañado de advertencias sobre los peligros del escepticismo.

En la celebrada película El Mago de Oz, Dorothy, el espantapájaros, el leñador de hojalata y el león cobarde se ven intimidados —en realidad atemorizados— por la figura oracular de gran talla llamada el Gran Oz. Pero el pequeño perro de Dorothy, Toto, descorre una cortina que lo oculta y revela que el Gran Oz es en realidad una máquina dirigida por un hombre bajo, rechoncho y asustado, tan exiliado como ellos en aquella tierra extraña.

Creo que es una suerte que James Randi descorra la cortina. Pero sería tan peligroso confiarle a él el desenmascaramiento de todos los matasanos, farsantes y tonterías del mundo como creer a esos mismos charlatanes. Si no queremos que nos engañen, debemos ocuparnos de ello nosotros mismos.

Anuncios

About keithcoors_00

Yo soy yo. Creo que no hay otro. Crítico social. Terrícola por nacimiento y convicción (ésta última la más importante). Mexicano por accidente pero orgulloso de serlo. Escéptico, agnóstico, científico, cáustico, irónico, sarcástico, estocástico y otros calificativos esdrújulos Apariencia aparentemente engañosa, pero consistente. Promotor de proyectos de energía renovable.

One response to “Carlos aparecerá en Australia”

  1. Santiago says :

    El increíbe libro de Carl Sagan

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: