¿Octavio Rivas?

de pumabravo
para Keith Coors
fecha 28 de julio de 2010 18:16
asunto ¿Octavio Rivas?
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¿Tomas a Octavio Rivas como un referente válido? ¿Analista transaccional? ¿Uno que se dice “experto” en PNL? Ufff….. cuanta magufia!!! Bueno, dejaré de leer tu blog, ya que creía que eras escéptico y pro científico… evidentemente me he equivocado fiero… sin embargo, aquí te mando algo:

PNL: Espejismo para ejecutivos

Fuente: El Ojo Escéptico. Órgano de difusión de la Fundación CAIRP.

El discurso de los caza-incautos se perfecciona y cada vez dice cosas más interesantes. Ahora es la programación neurolingüística (PNL). ¿Qué es eso? ¿Una variante más del neo chamanismo o una fábula transcientífica? La alarma suena cuando descubrimos que la neurolingüística es rehén inocente de una legión de psicoprogramadores que retoman un verso ya añejo con pretensiones de nueva psicoterapia.

La programación neurolingüística (PNL) pretende ser un sistema de procedimientos y modelos para incrementar la eficacia de nuestra comunicación e influencia sobre la gente. Debido a que la PNL es el resultado de una mezcolanza teórica formidable (toma elementos de la hipnosis médica, de la terapia familiar, de la corriente sistémica, del psicoanálisis, de la terapia gestáltica, y de la terapia del comportamiento) es eminentemente pragmática: busca resultados sin importarle una teoría que los sustente y explique. Tal teoría es imposible e incómoda: debería aglutinar corrientes contrapuestas, aparte del hecho previo fundamental de que los resultados fueran positivos, esto es, que la PNL fuera eficaz.

Como postulados básicos, la PNL se refiere a los sistemas de representación, sistemas que poseería una persona y que podrían ser visuales, auditivos, o kinestésicos, de acuerdo a la forma que se representara internamente el mundo exterior o los elementos externos e internos con los que se involucre. Así, sostiene que hay gente que tiene preferencia por lo visual: se expresa en términos visuales (“veo que la situación es tal”), describe las cosas apelando a imágenes visuales (“me hizo ver las estrellas”), etc. De modo que cada uno tendría un sistema representacional preferido (SRP).

Por otro lado, afirma que fijándonos atentamente en el SRP de una persona y adaptándonos a él, podemos influir en su comportamiento a la vez que logramos una mejor comunicación. ¿Cómo sabemos cuál es el SRP de Fulano? Aquí la PNL comienza a trastabillar: dicen que existen seis sistemas de representación (ver Azcoaga, en este mismo número).

Pero lo más interesante –y se agrava la pendiente– es que se presupone que estos seis sistemas están correlacionados con el movimiento de los ojos y con la postura corporal –aunque luego se agregaron la voz y la respiración (ver Fig. 1). ¿Quiere decir esto que si uno mira hacia arriba, a la derecha, está evocando imágenes visuales? Sí, y siguiendo estos movimientos nos enteramos del SRP de Fulano. Pero hay una observación: aunque Fulano tenga un SRP visual esto sólo indicaría que predomina ese sistema, sin perjuicio de que puede utilizar otros (Cudicio,1991). Esto se parece mucho a “si sale cara gano yo, si sale seca perdés vos”.

Siguiendo este esquema simple (los partidarios de la PNL nos tratarán de reduccionistas) el tipo visual mantendría una postura rígida, con movimientos oculares hacia arriba, respiración superficial y rápida, voz aguda y entrecortada, utilizando palabras visuales. El tipo auditivo mantendría una postura distendida, de “escucha telefónica”, respiración amplia, voz bien timbrada a mediano ritmo, usando palabras auditivas. Y el tipo kinestésico mantendría una postura muy distendida, con movimientos que “miman” (?) las palabras, respiración profunda, voz grave, con ritmo lento y pausas, apelando a las sensaciones cuando elige las palabras (Cudicio, 1991).

Al sostener que las correlaciones entre los movimientos de los ojos y los sistemas de representación están basadas en la lateralidad cerebral, y particularmente el lenguaje (con su área localizada en el hemisferio izquierdo), la PNL sería válida sólo para los diestros. Pero la acomodaticia teoría de la PNL hizo que Bandler –uno de sus creadores– declarase que esto no era necesariamente así y que no se lo debía considerar como una restricción para el modelo general. Y para no quedarse corto, Bandler también pontificó en julio de 1986 que los SRP ya no se consideraban como elementos importantes. El chicle de la PNL comenzaba a estirarse como pasa con todas las pseudociencias: cuando algo no cuaja, puede dejar de ser importante.

Resultados queréis, resultados tendréis

El Consejo Nacional de Investigación, creado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, encomendó al Comité de Técnicas para el Mejoramiento del Desempeño Humano la tarea de investigar la PNL con el objeto de determinar su validez como técnica terapéutica y de aprendizaje. Las conclusiones son claras:

– Muchas de las teorías a las que apela la PNL y que se citan como congruentes con ella, no tienen aceptación científica (teoría del cerebro holográfico de Pribram, y la descripción del cerebro estadístico de John).

– En la literatura sobre PNL no se cita ningún dato que apoye la relación entre el movimiento ocular y los sistemas representacionales.

– Los experimentos presentados en apoyo de la PNL no son satisfactorios.

– El basamento de la PNL no es un conjunto de descubrimientos y preposiciones ordenado de manera tal que implique lo que la PNL declara como estructura; por el contrario, está constituido por una serie de anécdotas y hechos concatenados que no llevan a ninguna conclusión particular.

– Hay errores en la descripción de procesos biológicos básicos. Ejemplo: una sinapsis se define como una conexión dendrita-dendrita, en vez de dendrita-axón.

– Las referencias biológicas y psicológicas están desactualizadas. No se menciona la neurotransmisión cuando se habla de la organización cerebral y lo que se cita de psicología cognitiva omite los últimos 20 años de trabajo.

– La conclusión general es que no hay evidencia empírica, hasta la fecha, que permita sostener tanto las pretensiones como la eficacia de la PNL.

Pese a estas conclusiones, se habla de la eficacia de la PNL como psicoterapia, como técnica de aprendizaje de trabajos, en la venta –donde la convicción es importante–, y en la comprensión e influencia interpersonales. Como toda pseudociencia, lo que la PNL tiene de novedoso no ha sido probado científicamente, y lo que es eficaz no le pertenece. Recordemos que en cuanto al aprendizaje de modelos, la psicología cuenta desde hace mucho tiempo con las técnicas de modelado: modelado abstracto, modelado creativo, que constituyen los procesos de aprendizaje por observación (Bandura, 1982).

Por otra parte, los resultados obtenidos indican que la PNL a veces pueden ser contraproducentes: el hecho de prestar atención extrema a los movimientos, posturas, y palabras de un interlocutor, puede distraernos y confundirnos.

Ejecutivos, PNL y final

En Clarín Revista del 23/2/92 se anuncia un congreso de PNL y puede leerse que “Bridas, Ciba-Geigy, Loma Negra y Lloyds Bank, entre otras empresas locales, han entrenado a su gente en PNL”. Es de esperar que no la utilicen como método de selección de personal: no sería justo para los candidatos a los puestos de trabajo. Utilizarla para la venta, figuraría dentro de las modas habituales de consumo. ¿Sabrán los ejecutivos argentinos que la pseudociencia llega hasta los más altos despachos y envuelta en los paquetes más elegantes?

Bibliografía:

BANDURA, Albert; Teoría del aprendizaje social, Ed. Espasa Calpe, 1982, pág. 38-74.
CUDICIO, Catherine; Cómo comprender la PNL. Introducción a la Programación Neurolingüística, Ed. Granica, 1991.
NATIONAL RESEARCH COUNCIL, Enhancing Human Performance. Issues, Theories, and Techniques. National Academy Press, 1988, pág. 138-149.

Neurolingüística: ¿sustantivo o adjetivo?

Fuente: El Ojo Escéptico

Después de la mitad del siglo, eminentes científicos retomaron las evidencias de las relaciones entre el cerebro y el lenguaje, acumuladas desde hacía otros cien años, y volvieron a cuestionarse de qué modo ese órgano generaba lo que se considera la más alta y distintiva característica del hombre.

A. Luria, el gran investigador ruso de estas disciplinas, pudo definir a una ciencia nueva, la neurolingüística, como el de esas complejas relaciones entre el cerebro y el lenguaje. Numerosas publicaciones, revistas especializadas, materias y posgrados en las facultades de Psicología y de Medicina, han dado a la nueva disciplina científica la jerarquía merecida.

Actualmente, se debate sobre modelos teóricos que promuevan la investigación: hay quienes siguen remitiéndose a las anfractuosidades anatómicas del cerebro para buscar en ellas las claves explicativas; otros siguen explorando las relaciones entre lesiones y funciones; otros se remiten a los progresos de la fisiología del sistema nervioso y a los de la lingüística teórica. En fin, se trata de una transitada carretera en la que incontables móviles van hacia muchas metas. Pero van en la misma dirección y guiados por los mismos indicadores: los del método científico. Es más: ninguno de los innumerables buscadores de estas verdades osaría salirse de la carretera. Sería perder la posibilidad de alcanzar objetivos deseables y compartidos por tantos otros.

El método científico es la garantía de que la búsqueda de nuevas explicaciones, de nuevas definiciones, será legítima. Toda la historia de la humanidad podría ser la historia de la búsqueda del método científico. Y tanto por lo que se ha alcanzado como por las pintorescas anécdotas, las excentricidades, de los que se han lanzado a buscar insólitas “verdades”, la legitimación del método y la convalidación de lo que la civilización contemporánea debe al método científico, queda fuera de cualquier discusión.

La pequeña historia de la programación neurolingüística (PNL) es de las que no podrían hacer un capítulo en la historia de los aportes del método científico.

Nació por iniciativa de John Grinderf, lingüista, y Richard Bandler, psicólogo, a principios de la década del setenta. La tarea de ambos se orientó a buscar por qué unos terapeutas tuvieron éxito en sus tratamientos. Eligieron a Milton Erickson, Virginia Satir, Fritz Perls y Carl Rogers. Comprobaron que había ciertas constantes en su práctica exitosa y procedieron a la recolección de datos. Una vez logrados, los clasificaron y obtuvieron un cierto número de patrones para un modelo general de influencia interpersonal. Es claro que constituiría un ejercicio sencillo para un curso de metodología detectar desde cuándo se produjo el alejamiento del método. ¿Qué es el “éxito” terapéutico en psicoterapia? ¿Cuándo se alcanzan resultados? ¿Cuáles son las variables definitorias en la estrategia psicoterapéutica?

Pero –admitámoslo– se recogieron conjuntos abrumadores de datos. ¿Es que en el criterio de clasificación no hay ya un “modelo” interpretativo? ¿Y cuántos modos de clasificación pueden ser considerados idóneos? Sacar de ello “patrones” de influencia interpersonal parece una metáfora psicológica de la labor de los alquimistas medievales: ellos también iban a lograr obtener el oro…

Hasta allí, todo podría quedar en una hasta simpática aberración intelectual, una inofensiva fantasía, un gracioso hobby entre amigos. Pero cuando se creó la National Association for Neurolinguistic Programming, y comenzaron a aparecer libros y revistas especializadas dedicadas a la nueva actividad, declaradamente técnica para el asesoramiento, educación, dirección gerencial, actividades interpersonales en general y –por qué no decirlo– también terapéuticas, el tema se vuelve alarmante.

La publicidad no es avara en adjetivaciones. En un prospecto impreso en Buenos Aires este año, se nos dice:

“Siendo PNL una epistemología, una escuela pragmática de pensamiento, contamos con herramientas para desarrollar un pensamiento estratégico y sistémico, para revisar y renovar carencias y principios básicos acerca de lo que somos como seres humanos y para flexibilizar conductas que nos permitan alcanzar con eficiencia las metas que nos propongamos. También PNL provee un marco para comprender el nivel espiritual del ser humano, ese nivel que permite el autodescubrimiento, más allá de la identidad individual y que nos conecta con nuestra misión. “Para Robert Dilts PNL no tiene que ver sólo con competencia y excelencia, sino también con sabiduría y visión… La excelencia se da al tener varias opciones; la sabiduría se da al tener perspectivas múltiples.”

La cita tiene el estilo hiperbólico misional que puede hallarse en la literatura muchas veces comentada en las páginas de EL OJO ESCEPTICO. Pero… ¿qué promueven las técnicas de la PNL?

Seis sistemas representacionales:

— construcción de imágenes visuales
— recuerdos de imágenes visuales
— construcción de imágenes auditivas
— registro consciente de sensaciones kinestésicas y
— mantenimiento de diálogos interiores
Mientras el sujeto utiliza estos sistemas representacionales, sus ojos y su postura denuncian las demandas de cada uno de ellos… Ingenioso, ¿verdad?

Sencillamente, un esquema de Stevens (1979) nos muestra que las miradas laterales y oblicuas hacia arriba y abajo, a derecha y a izquierda, se corresponden con cada uno de los seis sistemas.

Pero es claro que no todo es tan elemental: es, como dicen, una tecnología que se aprende en el Eastern NLP Institute y en la NLP University de Estados Unidos, en la que los alumnos se gradúan en los niveles de Practitioner, Master Practitioner y Trainer. Esta última es, claro está, la cúspide académica. Como se sabe, también en Buenos Aires se lleva adelante esta actividad, a la que en 1992 se le dedicó un congreso. La evidencia parece cristalina: la Neurolingüística es ajena e inocente del empleo que se hace de ella como adjetivo. La Neurolingüística es una entidad. No es un atributo de imaginarias (pero rentables) manipulaciones de incautos. Tiene presencia y contorno en el terreno de las ciencias del hombre. No es para nada una emanación de prácticas cuasi chamánicas.

Y una vez más, todo podría quedar en el asombro de una fábula transcientífica. Pero nace la pregunta: ¿no hay acaso formas más honestas de ganarse la vida?

El Dr. Juan E. Azcoaga es director de APINEP (Asociación para la Asistencia e Investigaciones Neurológicas, Psicológicas y Psicopedagógicas ). Es profesor consulto de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, miembro activo de la Academia de Ciencias de Nueva York y miembro consultor del CAIRP.

Puma
pumabravo@yahoo.com.ar
http://www.asalup.net

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About keithcoors_00

Yo soy yo. Creo que no hay otro. Crítico social. Terrícola por nacimiento y convicción (ésta última la más importante). Mexicano por accidente pero orgulloso de serlo. Escéptico, agnóstico, científico, cáustico, irónico, sarcástico, estocástico y otros calificativos esdrújulos Apariencia aparentemente engañosa, pero consistente. Promotor de proyectos de energía renovable.

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